
No había suficiente con crear cientos de niveles para el Angry Birds original. No había suficiente con hacer una secuela que recibe niveles nuevos constantemente. No había suficiente con hacer un spin-off del juego ambientado en una película de animación. No había suficiente con sacar a los pájaros cabreados de los smartphones y llevarlos a Facebook y Google Chrome. No. Rovio aún tenía preparada su arma secreta: Angry Birds Space. Y lo jodido es que tras darnos tantas veces más de lo mismo, sigue siendo igual de adictivo que la primera vez.
Angry Birds Space traslada a las aves con nervios descontrolados al espacio, donde nuevamente deberán vencer a los odiosos cerdos verdes que han robado sus huevos (quien no haya visto nunca Angry Birds pensará que le estoy tomando el pelo). Todos los pájaros excepto uno son los mismos que tanto nos han dado la brasa, pero con un diseño que es una mezcla entre futurista y macarra. La clave de Angry Birds Space está en los escenarios, en el que experimentaremos con la fuerza de la gravedad de planetas y asteroides para lograr recuperar los huevos robados.


