Desde hace más de una década, durante la última semana de Julio gente procedente de toda España y parte del extranjero se reune en Valencia para celebrar una de las LAN partys más grandes del planeta. Gente, conferencias, talleres, risas, descargas y, sobretodo, muchas horas de juego y pocas de sueño han hecho de esta reunión anual una referencia en el calendario de todo tipo de geeks y no tan geeks. Bueno, así ha sido hasta hace 2 ó 3 ediciones en las que la Campus ha sufrido una especie de involución.
Resulta curioso que la primera edición de la Campus Party que se celebró en Valencia tras su traslado desde Málaga (la party nació en la localidad malagueña de Benalmádena) tuviese más participantes que la que se va a celebrar este 2010. Aquella edición, la del 2000, tuvo lugar en pleno verano levantino, en una Ciudad de las Artes y las Ciencias a mitad de construir. De hecho los participantes tuvieron que montar sus tiendas de campaña en un descampado de las obras. Durante las ediciones que se celebraron en la CAC fueron muchos los inconvenientes que año tras año se trataron de superar: temperatura sofocante, nula seguridad del recinto, lugares de acampada inadecuados, problemas con la instalación eléctrica, problemas de red que no se solucionaban hasta bien entrado el primer día de la party…
Posteriormente, la Campus sufrió un cambio de sede a la que hasta ahora ha sido su mejor localización: la Feria de Muestras de Valencia. No es que todos los problemas se solucionaran de un plumazo (el suelo de un parking sigue sin ser adecuado para clavar las piquetas de la tienda de campaña xD), pero sí se redujeron a la mínima expresión y allí se pudo disfrutar de la era dorada de la Campus Party durante algunos años. Aire acondicionado (por las noches aquello era un congelador, pero mejor eso que cocerse a fuego lento), electricidad sin caídas diarias, más espacio para montar los stands de publicidad, celebrar conferencias y establecer la zona de catering, etc…
Pero, probablemente por culpa de la situación de desaceleración acelerada de la economía mundial, la Campus tuvo que volver a la Ciudad de las Artes y las Ciencias y, de nuevo, comenzaron los problemas. Menos plazas para un evento acostumbrado a aumentar su aforo en un millar de personas casi de forma anual implicaron menos ingresos y, en consecuencia, un deterioro evidente en las actividades complementarias, la infraestructura y la calidad de la party en general.
Y así hemos llegado hasta la edición de este año, algo que está siendo un despropósito desde el día en que se anunció el recinto donde tendría lugar. Si lo habitual en las últimas ediciones de la Campus en la CAC era montar 2 enormes carpas tras vaciar el lago que hay frente al Museo Príncipe Felipe, este año decidieron que sería buena idea trasladar una parte de los participantes al interior del museo, y al resto al Ágora, esa horrible construcción que alberga en su interior una pista de tenis y que parece que sólo sirve para disputar el Valencia Open 500. Nuevamente, menos participantes y, lo que es peor, separados en 2 recintos disntitos.
Comienza la venta de entradas y surgen los primeros problemas: la dirección del Ágora no permite la celebración de la Campus en ese recinto. Vamos a ver. ¿Acaso no pidieron permiso antes de anunciar a bombo y platillo el lugar? ¿Por qué no se esperaron a tener confirmación de que podrían usar el recinto para comenzar a vender las entradas? Total, que ahora resulta que la Campus Party, de los 3000 participantes que inicialmente iba a tener, sólo va a tener 1500 participantes con puesto en sala asegurado. Porque esa es otra… los que van con portátil van a tener que estrenar esos maravillosos puestos de movilidad, la “solución” de la organización al drástico recorte de plazas.
¿Que qué son los puestos de movilidad? Lo podéis ver en la foto de arriba. Son sitios en puffs y sofás. ¿Dónde está la trampa? Que no tienes el sitio asegurado, por lo que si te levantas a dar un paseo o al servicio, es muy probable que cuando vuelvas esté tu sitio ocupado por otra persona. Además, pasarse varias horas seguidas con un portátil sobre las piernas no es nada placentero. Y, por otro lado, tampoco puedes estar con la gente de tu clan dado que, aunque haya un puesto de movilidad cerca de tus amigos, no tienes el sitio asegurado.
La Campus Party se había convertivo en una especie de tradición anual para mi y la treintena de personas que forman parte de mi clan (ClanDestine) dado que vivimos desperdigados a lo largo de la geografía española, y la Campus nos servía de punto encuentro para pasar una semana de diversión entre colegas. Este año, con suerte, sólo 4 ó 5 tendrán puesto asegurado en sala.
Además, me da lástima la imagen que se está dando de la ciudad de Valencia con esta desastrosa organización, una organización que parece más preocupada por celebrar ediciones al otro lado del charco que por cuidar a la gente que ha hecho que la Campus sea lo que es hoy (o lo que ha sido hasta el año pasado). Y no es que me parezca mal que se celebren partys en México, Brasil o Colombia. De hecho me alegro mucho de que puedan disfrutar de la Campus sin tener que hacer un viaje tan largo hasta España. Pero, para que se me entienda bien, es como si un albañil que ve cómo se cae su casa a pedazos estuviera más preocupado por hacer reformas en las casas de los vecinos que en la suya propia. Ya de por sí me parece lamentable que en la Campus Party se olvidaran tan pronto de sus raíces andaluzas ya que ningún año han tenido un gesto u homenaje hacia la tierra que le vio nacer.
En definitiva, creo que con la edición de este año se culmina el declive de la que ha sido la mejor LAN party del planeta. Este es el principio del fin de la Campus Party. Ahora sólo falta saber cuándo se darán por vencidos y cerrarán definitivamente el chiringuito.
(La fotografía de la Feria de Muestras ha sido publicada bajo licencia Creative Commons en la cuenta de Flickr de Fabio Gava, y la fotografía del Ágora ha sido publicada bajo la misma licencia en la cuenta de Flickr de Fco. Rubio)




