Hubo una época en la que los posts campaban a sus anchas por los pastos de este humilde blog. Una época en la que cada semana te podías encontrar una sopresa, un descubrimiento musical, la reseña de una noticia que tal vez se te había escapado, el comentario sobre una demo del Bazar de Xbox Live!. Esa época no es muy muy lejana, sucedía a principios de este 2010.
Pero a todos nos llega la falta de inspiración en un momento o en otro. Desde que comencé a escribir en este pequeño rincón del ciberespacio siempre tuve claro que no quería limitarme a hacer lo que hacen otros miles de blogs: fusilar noticias de otros medios a diestro y siniestro, o a comentar en 2 líneas lo visto en un video de YouTube.
En ocasiones la sequía de entradas también ha sido culpa de la falta de tiempo, pero esta es una excusa tan trillada que me da vergüenza hasta ponerla. La verdad es que si no he escrito nada durante largos periodos de tiempo en el pasado ha sido simple y llanamente porque no me apetecía, o porque tenía cosas mejores que hacer.
Pero eso no significa que haya abandonado este blog, para nada. Me gusta bloguear, dar rienda suelta a mi imaginación, comentar aquellas cosas que me gustan o me llaman la atención. Es por ello que mientras haya blogs, aquí seguirá Memorias de una Neurona Moribunda, y aquí seguiré yo dando la brasa a quién tenga la mala suerte de ir a parar a este blog inmundo
¿A qué viene tanto rollo? Ya lo he dicho antes, hubo un tiempo en el que actualizaba el blog a diario y quiero que ese tiempo vuelva. Volverán las recomendaciones musicales semanales, y volverán mis posts despotricando contra el panorama televisivo actual o maldiciendo las penosas demos que pueblan el Bazar de Xbox Live!.
El verano llega a su fin y un nuevo ciclo comienza para este blog. Permaneced en sitonía, si es que queda alguien por ahí todavía…
(La fotografía ha sido publicada bajo licencia Creative Commons en la cuenta de Flickr de Manel)
