Spotify es el nombre de un programa que anda en boca de mucha gente últimamente, sobretodo aquí en España ahora que el debate sobre modelos de negocio alternativos a la tradicional venta de discos está en auge. Hoy en día es complicado encontrarse con alguien que no sepa lo que es, pero por si acaso, os comento que Spotify es un programa que sirve para escuchar música a través de Internet de forma gratuita, a cambio de escuchar de vez en cuando algo de publicidad. El catálogo musical al que se puede acceder con el programa es enorme debido a los acuerdos que sus creadores mantienen con varias de las discográficas más importantes.

Sin embargo, Spotify tiene algunas carencias que le restan muchos puntos de cara al usuario final. Por ejemplo, el precio de la suscripción premium (que permite eliminar la publicidad y escuchar la música con mejor calidad), la nula evolución de su interfaz desde los inicios, o lo rematadamente mala que es la radio de artistas relacionados (una especie de lista de reproducción continua en la que escuchas artistas con un estilo de música similar).
Pero Spotify no fue pionera en el mundo del streaming. Entre sus predecesoras destaca sin ninguna duda Last.FM, que comenzó siendo una red social de música y hoy en día es un punto de encuentro para los aficionados a cualquier tipo de música. En 2007 fue adquirido por el grupo de comunicaciones CBS que, por desgracia, provocó en la política de Last.FM ciertos cambios que le han hecho perder parte de su encanto.
El principal punto fuerte de Last.FM es su radio de artistas similares (la mejor que he escuchado hasta ahora), el poder escuchar emisoras de artistas determinados, o poder encontrar a otros usuarios con gustos musicales similares. Aunque inicialmente sólo se podía escuchar la música a través de su web, desde su fusión con Audioscrobbler surgieron multitud de clientes para todo tipo de plataformas ya sea en Windows, Linux, o sistemas operativos para teléfonos móviles.

Como puntos en contra, Last.FM tiene que no permite especificar las canciones que quieres oir, o que no tiene versión gratuita… Efectivamente, desde que fue adquirido por la CBS, Last.Fm únicamente permite escuchar música gratuita a través de su web, y tiene restringidas algunas de sus funciones más interesantes a los clientes de pago. Afortunadamente su suscripción es bastante más económica que la de Spotify, lo cual ayuda a que el usuario se decida a probar las bondades del programa.
Otra buena característica (esta es gatuita) es que permite gestionar estadísticas de la música que escuchas, con lo cual podrás saber en todo momento qué es lo que más has escuchado en el último año, o qué canción has escuchado más veces durante la semana. Lo interesante del asunto es que muchos programas permiten notificar a Last.FM directamente qué estás escuchando (por ejemplo, casi cualquier programa de audio de Linux), y en otros se puede habilitar la función mediante un plug-in (por ejemplo, el todopoderoso iTunes).
Por cierto, el registro en Spotify, al contrario que en Last.Fm, funciona mediante invitación (igual que Gmail en sus inicios), por lo que sólo podréis registraros si alguien que conocéis os envía una invitación. Yo tengo diponibles aún 5 invitaciones, por lo que si alguien quiere una, que me lo diga en los comentarios de este post.
Ambos son buenos programas, por ello os animo a probarlos y que decidáis por vosotros mismos. Yo me quedo con los dos, con sus pros y sus contras. Ambos tienen mucho que aportar a la forma en que la gente escucha música y al desarrollo de Internet.