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Lo he vuelto a hacer
Feb 1
Después de 10 años es difícil librarse de las malas costumbres. Es por eso que lo he vuelto a hacer, he vuelto a sacrificar el estudio de una asignatura por dedicarle tiempo a otra. Esto es ya casi como una costumbre.
Antes de comenzar la época de exámenes es habitual hacerse un planning con el tiempo que hay que dedicar al estudio de cada asignatura. Sin embargo, esto no es más que algo que hacemos para convencernos a nosotros mismos que este año va a ser distinto, y que por fin vamos a estudiar como no lo hemos hecho nunca. FALSO.
El error está en pensar que de la noche a la mañana podemos cambiar hábitos tan arraigados como el “esta es la que mejor llevo, así que la puedo estudiar menos” o el “uff, a esta ya no llego ni de coña”. Entonces, ¿qué se puede hacer, aparte de rezar? Si lo supiera, no estaría todavía sufriendo para terminar una carrera antes de que Bolonia acabe con ella…
Volviendo al tema de inicio, en esta ocasión tengo una buena excusa (¡cómo no! xD). He sacrificado una asignatura en favor de otra de la que podría depender el Proyecto de Final de Carrera. Nótese que he utilizado el tiempo condicional, una muestra más de hasta dónde puede llegar nuestra mente en la búsqueda de excusas.
Y es que la imaginación de un estudiante es algo que no se debería subestimar, sobretodo en la edad de oro de la procrastinación.
Rutina
Ene 19
Para mi la Universidad se está convirtiendo cada vez más en una rutina. Y es algo normal pues, como ya os comenté la semana pasada, 10 años son muchos para poder formar una serie de hábitos, ya sean buenos o malos.
Por ejemplo, ya es casi un ritual llegar por la mañana temprano a la biblioteca de la universidad, esparcer los apuntes sobre la mesa y abrir el portátil para tener a mano Facebook, Twitter y Google Reader para los ratos en los que despejar la mente. También es un ritual hacer esto mientras ves como la gente se “pelea” por un sitio, mientras otros se dedican a reservar sitios para gente que probablemente no llegue a pisar la sala de estudio, o simplemente deje su mochila y sus apuntes y se vaya 3 ó 4 horas (literalmente) a tomar un café, o vete tú a saber qué.
Por desgracia, también he llegado a convertir en costumbre aquello de dedicar los 3 únicos días que tengo para estudiar alguna asignatura en convencerme a mi mismo de que estoy perdiendo el tiempo, a la vez que mi cerebro comienza a maquinar una excusa para silenciar a mi conciencia como, por ejemplo, con la ya clásica “no he tenido tiempo para estudiar esta asignatura” o “es que este profesor ha ido aposta a suspender a la gente”.
Siempre se dice que las rutinas ayudan a organizar mejor tu forma de estudiar y a afrontar los exámenes con mejores perspectivas. Esto, en mi opinión, es cierto a medias. No todas las rutinas son válidas, y es complicado desprenderse de aquellas que te llevan por el lado oscuro de la pura vagancia. Si un mal hábito no es detectado a tiempo, acabará lastrándonos sin que nos demos cuenta. Yo lo estoy aprendiendo a base de sangre, sudor y lágrimas. Pero, lamentablemente, aquí sigo, todos los días con la misma rutina.
A veces un cambio radical es más necesario de lo que uno piensa. Sólo espero no llegar tarde el día que decida ponerlo en práctica.
Esforzarse para nada es tontería
Ene 12
Lo confieso, este es mi décimo curso en la Universidad. Es el año número 10 para terminar una carrera que sólo debería durar 5. Y reconozco que he tenido épocas (demasiadas) en las que lo único que he hecho es lo que comunmente se conoce como “tocarme los huevos”. Pero eso no significa que cuando me tomo en serio algo, no me guste que mi esfuerzo se vea recompensado. Por desgracia, esto no es algo que suceda muy a menudo cuando estudias una carrera.
Es bastante común que, por ejemplo, cuando tienes que entregar un trabajo y la materia te guste, le dediques todos tus sentidos. Incluso es bastante probable que dejes de dedicarle tiempo a otras asignaturas o a ti mismo por poder tener la mejor nota posible en ese trabajo. Pero cuando ves que las horas de sueño pasadas han servido para tener una nota mediocre, se te cae el mundo al suelo.
También es bastante común que el nivel de exigencia sea distinto entre unas personas y otras. Por ejemplo, para un mismo trabajo en numerosas ocasiones se suele puntuar de forma distinta ambos trabajos. Esto es un arma de doble filo: por un lado tienes a la persona con mejor nota, que piensa que con menos esfuerzo probablemente habría aprobado igual con una merma mínima de la nota; por el otro lado está la persona que ha sacado menos nota y que no logra entender dónde está la diferencia de nota si los resultados y el esfuerzo han sido los mismos.
Por eso me pregunto, ¿realmente vale la pena esforzarse tanto por algo que sabes que no te van a valorar de forma justa? Porque no sé a vosotros, pero a mi me toca la moral que cuando me parto los cuernos para terminar algún trabajo, práctica o actividad que me lleva horas y horas terminar, que me roba tiempo de sueño, o que hace que le dedique menos tiempo a otras cosas mucho más importantes como estar con la familia o los amigos, luego venga un profesor que se las da de culto y me apruebe por los pelos (quizás porque los resultados son correctos, y eso ni siquiera él puede rebatirlo).
¿Es así como se quiere motivar a los alumnos? ¿Así se quiere que sean los estudiantes del mañana? ¿Se quiere que en el futuro los alumnos se copien más de la mitad de los trabajos de años anteriores y así obtener las mejores notas, pero que luego tengan los mismos conocimientos que una piedra? Porque si esto es cierto, me hubiera ahorrado mucho tiempo y dinero (que por muy pública que sea, la universidad sigue teniendo el precio de un artículo de lujo) si me lo llegan a decir hace 10 años.
Tampoco ayuda que haya profesores a los que parece que les pagan por desmotivar a los alumnos. Desde insultos velados (y no tan velados), hasta auténticos discursos que te dejan la moral a la altura del betún, pasando por el ya clásico “si no sabéis hacer esto, os habéis equivocado de carrera”. A esta gente que le gusta hacer creer a la gente que sabe más de lo que muestra en público les pondría yo a tirarse hasta las 6 de la mañana programando algo en lo que van a tener un 4, o haciendo ejercicios que ni en el MIT sabrían resolver para luego decirles “esto lo sabe hacer hasta un burro”. O, como dirían algunos, a estos los mandaría yo a tomar… viento fresco.






